4.10.15
VELOCIRAPTORS (una carta)
30.8.15
CUCHILLITO
Me escabullí al día y el sol me castigó los ojos, estaba muy alto y supe que era tarde.
Tomé un taxi hacia el este y llegué -fortuitamente- puntual a la cita. La recepcionista era una joven de voz profunda que me hizo algunas preguntas antes de ponerme un formulario con una lapicera enfrente.
-¿Qué son queloides? le pregunté.
Me lo dijo y anoté que no. No tenía eso ni todas las otras dolencias detalladas.
Firmé. Pagué. Esperé.
Abrí el libro de bukowski y leí hasta que me asqueé un poco de las mismas historias, los pitos y las tetonas, y los vómitos y esa indiferencia afectada. Me aburre su indolencia.
Quince minutos después me llama un chico bajito y un poco gordo, con una barba espesa detrás de un barbijo. Nos saludamos.
Me calca el dibujo en el cuerpo.
-Sentate cómoda- me pide.
(Sostiene esa especie de torno. Lo escucho aullar pero no me intimida, ya lo he visto antes).
El primer pinchazo se siente en la espalda.
-¿Duele?
Le contesto con una broma zonza.
Nos callamos y solo se oye el traqueteo de la aguja que va y viene por mi piel llenándome de tinta. Por el espejo veo la mano enguantada que se mueve, lastimándome.
-¿Duele?
(No, Hace mucho que nada duele. Por eso estoy aquí.)
Necesito que duela por todo lo que no puedo dejar doler, por todo lo que no puedo gritar, por los secretos y las lágrimas que disimulo detrás de películas sosas.
Me dibuja las últimas líneas, son las difíciles. Siento como si un cuchillito me abre la piel y ese motor que brama incesante. No me quejo: sonrío. Como abrir un viejo álbum de fotos y verse tan pequeño, tan otro, tan uno.
Esa noche duermo en paz.
1.6.15
HISTORIA DE VERANO
21.4.14
HISTORIA DE IBUPROFENOS
El día era normal, con sus insignificancias salvadoras en rutina y tedio. Un discreto desayuno con dos tazas de café y un ibuprofeno. Almuerzo detrás del escritorio. Media sonrisa entre los papeles que bailaban en mis manos.
Por momentos una canción o una bocina me despertaban y los pensamientos volvían a enroscarse en mi estómago, clavando los colmillos llenos de veneno.
*pasar canción*
*cerrar ventana*
*apagar las luces*
Como dije, la tarde era fresca y mis dedos jugueteaban con los boletos viejos del bolsillo de la campera. En la farmacia pedí más ibuprofenos, los asesinos del dolor.
Al lado de la puerta está un viejo sentado, con un carrito lleno de bolsas, aferrado a su bastón mientras su cuerpo se mueve inconexo y su mirada parece perderse en cada movimiento.
Son 37 pesos, le dice el vendedor y el viejo le estira un botecito plástico transparente lleno de monedas y billetes apretujados. El vendedor vacila pero lo toma, lo abre y empieza a sacar cada billete mientras cuenta. El viejo no deja de moverse -¿hace cuánto que no podrá parar?-, lo miro impúdica como los chicos fascinados por lo extraño, hasta que nuestras miradas se encuentran, por voluntad o por casualidad.
Pago mis remedios a un chico de voz muy grave, con un reloj pulsera demasiado grande. Salgo a la calle que está sucia y bulliciosa; un muchacho sonriente toca una pandereta sin ritmo pero con muchas ganas, fuera de este mundo, quién sabe en cual. El golpeteo histérico me acompaña hasta la esquina y ahi me doy cuenta, no podemos ser todos héroes, este es el momento de capitular.
7.4.14
EL FANTASMA
habia una figura
un hombre un personaje una sombra.
Vivió alli escondido
hasta que fue el tiempo
para salir
y destrozar
cualquier cristal reflejo luz
que pudiera existir
entre él y yo.
No seré eso que querés
ni podrás ser otro,
solo un fantasma
y te pediría
así
humilde
sin resquemores
que no aceches mi casa
no la llenes de frío,
mi sangre es caliente
y nunca me gustaron esos sitios altos
donde tanto te gusta volar.
6.4.14
REMOLINO
No quiero presenciar
La muerte de mis amigos
No quiero sufrir la partida
El desengaño
El dolor
No quiero padecer la soledad
A menos que mi fiel copa de vino
Me arrulle con su terciopelo
Imagine setenta y seis formas
De vivir mi días
Y aquí estoy, encadenada
A este pedazo de mentira
No me sueltes
No te vayas
No quiero el páramo
La ironía de tu ausencia
Embarrada en mis pensamientos
Sin que pueda matarte
No quiero mis recuerdos en una pesadilla constante
Mi existencia duerme
A cortina cerrada
A postigo clavado
En el fondo de un arca
De mi amigo, de mi roca
De aquello que me prometiste
Desaparezco
De las palabras y los besos
De calles en madrugada y los zaguanes
Afuera del mundo
De los universos
De las galaxias y esquinas
Si tuviese una noche
Para chocar con tu pecho
Elegiría correr desnuda
Entre los árboles y el viento.
4.4.14
SHORT DE LENTEJUELAS
Llegamos a la casa de Hugo y habia gente saliendo por todas las habitaciones. Sentados en el piso, sobre colchones, fumando y tomando cerveza. Hugo me vio. Hola mi amor, me dijo mientras me abrazaba y me besaba. Se rió con Olga y Juana se perdió en algún recoveco.
Estuve diez minutos dando vueltas por el patio, tratando de encontrar un lugar para sentirme tranquila. Hugo tocaba la guitarra frente a un grupo de chicos y parecía haberse olvidado de mi o de lo que me había llevado hasta ahí. Suspiré buscando alguna salvación en el teléfono y vi la hora.
Entré a despedirme, era un día importante para mis alumnos e iba a llegar tarde. El cielo se puso más gris y la lluvia cayó con más ganas. Hugo insistía en que no podía irme sola (él no podía dejar su casa y su fiesta) así que convocó a Juana y Olga, otra vez, para que sean mis acompañantes.
Intenté negarme con una vehemencia sobrenatural pero las chicas necesitaban ir hasta centro también. Hay un chico que quiero ver hoy mismo, sentenció Juana mientras buscaba entre unos trapos desordenados. Sacó un short de lentejuelas, sucio. Se bajó ahí mismo su pollerita y se cambió. ¿No te da asco no saber de quién es esa ropa?, le pregunté. Ella se rió y contestó que le encantaba. A su chico también. Olga asintió abriendo su paraguas y nos encaminamos hacia la avenida.
El aguacero crecía, mientras convertía las calles en ríos. En la esquina logramos ver el colectivo que llegaba y aunque le hicimos señas, aceleró y pasó de largo.
MIRAR A ALGUIEN
3.4.14
CINCO MINUTOS
1.8.13
DATES
26.3.13
CRÓNICA CONSUMISTA
26.1.13
POR QUÉ MIS SUEGRAS ME ODIABAN
9.1.13
THANK YOU FOR ALL THE FISH
5.11.12
EXCELENTE DIEZ
10.9.12
EL UNIVERSO NO DUELE

Son graciosos los caminos que elegimos para no sentirnos solos. Para poder sentir que no somos éter rodando en el universo sin entidad física. Necesitamos que alguien nos toque nos hable nos despierte de lo que creemos es un sueño/pesadilla.
El trabajo.
La comida.
El sexo.
¿Algún hobbie socialmente aceptable?
El arte.
Es la maldición del ser humano y su albedrío. Es el castigo del dios que todos creen benévolo y justo, te escribo el guión hasta la mitad, el resto es tu responsabilidad. Nunca es su culpa, es nuestra. Nuestras elecciones. Como si fuera posible no elegir y pasar la vida como una mascota, comiendo, caminando, cagando, siguiendo las reglas.
¿Qué pasa con las otras personas? ¿Con las que colisionamos sin querer y rasgan la burbuja? Nuestra decisión, dice. Es mi albedrío. Es mi grand finale.
Una mierda el libre albedrío, si se me permite la opinión. Creo en el caos, en la imprevisibilidad del futuro, de los elementos atractores y aquellos que se alejan. La libertad es un mito para los soñadores, para las excusas, estamos confinados a fuerzas que no entendemos, que nos envuelven invisibles y así también nos expulsan a otros campos. Rebotamos en un vasto castillo inflable, creemos que estamos allí porque queremos, porque lo elegimos. No, no hay nada que podamos elegir, quizás algún dios pudo elegir su omnipotencia y ahí estará arrepintiéndose. Él tampoco es libre, jamás lo será, solo tiene un teatro y millones de actores que ejecutan sus pequeñas vidas. Rebotando de un lado a otro sin que puedan hacer nada.
Porque verás, cuando elegí besarte, dejarme atar por esos hilos frenéticos, ya sabia que no tenia salvación. Sabia que cuando abrieras los ojos y tus labios se separasen de mi, otra vez mis moléculas se separarían y dispersas, se escaparían lejos, donde no pudiese atraparlas.
27.8.12
NOVIEMBRE
La calle se mueve lenta. El calor se eleve en un vapor invisible que entra por cada poro, impiadoso. Cara de rojas langostas. Gotas de sudor por las piernas, brazos, pecho, cuello, orejas; pequeñas gotas que se evaporan sin refrescar.
Caminé las diez cuadras sintiendo mi cerebro cerrarse. No tenía sed. No estaba cansada. Sólo sentía los rayos atravesarme, mi corazón alterado y el hueco en el estómago.
Subí el volumen de la canción: ahora me aturdo. Uno a la vez mis pies, adelante adelante, por la vereda, las baldosas, el pavimento de agua, la tierra y el polvo. Siento mi remera pegarse a mi cuerpo húmedo e incandescente: soy una supernova, voy a crear miles de estrellas desde mi pelo seco, de mis piernas, mis dedos, desde mi blancura, mucha luz.
Acaricio el picaporte de mi puerta y la llave se desliza en silencio. Adentro no hay nadie, no hay redención ni una sonrisa salvadora. Tiro mi bolso al piso y hace eco en la casa vacía.
Lo único frío es el hueco en mi estómago, que se vuelve un alivio. Despacio me desplomo en el piso y me saco la ropa, despacio, los mosaicos me reciben con mi sudor y con mis lágrimas, despacio, con los espasmos y el eco de cada uno reventando en mi cabeza. Mi cuerpo se enfría horas después cuando en el cielo aparece la primera nube de tormenta.
3.7.12
EIGHT
3.6.12
300
Pienso en comprar otro almanaque.
Trescientos días que siguen siendo el primero, porque el tiempo no pasa (cruel piedad), y otra vez ese desencanto de las causas imposibles.
21.5.12
OH MOTHER QUEEN
Abrí los ojos y lo vi con su camisa abierta dejando su pecho brilloso agitarse sin barreras. Lo toqué con la punta de mis dedos, apenas apoyando las yemas sobre la piel, deslizándolos despacio hacia abajo. La respiración se hizo profunda y un gemido me avisó que había llegado a un punto crítico.
(Su boca sobre la mía, suave, como si fuera una fruta)
Luces, Madonna ronroneando lejos. Mi propia agitación y su cara a mi lado diciéndome algo que no recuerdo.
Sus manos siguen sobre mi , acariciándome como si fuera a escaparme. Susurra, me gusta tu piel; me recorre punta a punta, besos pequeños y grandes, traidores, de nuevo el derrumbe de cualquier voluntad, me someto al calor que sube espalda arriba, electrificando poros y sentidos.
Recuerdo el vino, la brasa encendida de un cigarrillo en el balcón, el mundo que se apaga lento, el silencio que sigue, un rumor sordo en mis oídos que aumenta. Me tiembla la garganta y me aferro a su hombro, a su pelo, luego vuelve el silencio, luego es como si despertara finalmente.
Imposible no sentirme nerviosa, con los años que habían pasado entre nosotros (nosotros: mente-cuerpo-expectativas), éramos otros. Diferentes y no. Convergíamos otra vez, imposible no sentirme nerviosa.
Mick Jagger gritaba su rocanrol desde Inglaterra, mother queen, he allí todo pulmones y furia. Terminamos el vino. Hicimos preguntas de rigor y otras más comprometidas, caminamos lentamente en las fantasías de cada uno. Éramos presente, vino, cigarrillos, Mick Jagger, Keith el inmortal, etc. Rodamos, toda la noche, riéndonos de la mismísima realidad.
Photo: Same Mistake by macxoom

