4.10.15

VELOCIRAPTORS (una carta)

               Querido M:

                               Ayer encontré dentro de un libro un papel escrito con el título de Velociraptors. Data de hace dos años (como así la compra del libro) y en lo que puedo leer (la letra es terrible, apurada, trazos sin forma), está dirigido a mi madre.

                               No es que ella esté familiarizada con este tipo de dinosaurios (o cualquier otro) sino que los utilicé para compararla por un comportamiento en particular.

                               No es una feliz comparación, lo admito, aunque también la comparo en su ferocidad y su inteligencia debido a un episodio de mi infancia que recordé, luego de años encerrado en mi memoria. Te lo describo:

                               Tendría acaso ocho años y estábamos en la casa de verano, en el campo. Era el crepúsculo. Mi madre paseaba por el porche y yo trataba en vano de llamar su atención, como todos los días. Algo hizo estallar su ira (solía ser una niña irritante) y me retó con fuerza.  Recuerdo que me dirigí a un rincón de la galería y comencé a sollozar. Mi madre me miró (estaba muy enojada aunque su apariencia era de una calma rígida) y me dijo, dura: no te hagas la víctima.

                               Mis sollozos cesaron (¿o aumentaron?) debido a la sorpresa, más que a la crueldad del comentario. Era chica, querido M, pero ya sabía diferenciar bien las crueldades ajenas, casi acostumbrada a ellas. Aunque nunca la había esperado de alguien tan íntimo. Después de decirme aquello, mi madre desvió la mirada con desprecio y prosiguió con lo que sea que estaba haciendo, impasible.

                  Esas palabras, sin embargo, me picaron como una vieja cicatriz, después de casi 25 años. Me devolvieron al rincón, a verme a mí misma como un bulto lloroso, esperanzada en un poco de bondad materna.

                Fue efectiva, mi madre, reconozcámoslo. Fue un corte quirúrgico. Un ataque directo al flanco débil, movimiento astuto, preciso. Ella sabía (¿de dónde sacan esos conocimientos las madres? ¿Hay una logia secreta? ¿Un libro de procedimiento?), ella sabía exactamente lo que estaba haciendo, feroz, fría, fantástica.

                               Lo sé y lo veo ahora, querido M. No sabes cuán valiente quiero ser y cuán espectacular es mi derrota diaria, antes de intentarlo de nuevo. Pero no me lo puedo permitir, porque cada vez que caigo, veo su cara, sus ojos, esa mueca mortífera y dura que me dice que no me haga la víctima.

                               No lo soy. Y ella sabía que no podría serlo (indefensa, esperando salvación de alguien, desesperada por ayuda), ella sabía quién era yo. Ella lo sabía y me lo mostró.

                               Cuán largos son algunos caminos, querido M.


                                                                                            
                                                                                 Con cariño. 


                                                                                               C.

30.8.15

CUCHILLITO

Del otro lado de la cama alguien dormía. Yo no podía dormir, ni esa noche, ni muchas anteriores.
Me escabullí al día y el sol me castigó los ojos, estaba muy alto y supe que era tarde.

Tomé un taxi hacia el este y llegué -fortuitamente- puntual a la cita. La recepcionista era una joven de voz profunda que me hizo algunas preguntas antes de ponerme un formulario con una lapicera enfrente.

-¿Qué son queloides? le pregunté.
Me lo dijo y anoté que no. No tenía eso ni todas las otras dolencias detalladas.
Firmé. Pagué. Esperé.

Abrí el libro de bukowski y leí hasta que me asqueé un poco de las mismas historias, los pitos y las tetonas, y los vómitos y esa indiferencia afectada. Me aburre su indolencia.

Quince minutos después me llama un chico bajito y un poco gordo, con una barba espesa detrás de un barbijo. Nos saludamos.

Me calca el dibujo en el cuerpo.
-Sentate cómoda- me pide.
(Sostiene esa especie de torno. Lo escucho aullar pero no me intimida, ya lo he visto antes).

El primer pinchazo se siente en la espalda.
-¿Duele?
Le contesto con una broma zonza.

Nos callamos y solo se oye el traqueteo de la aguja que va y viene por mi piel llenándome de tinta. Por el espejo veo la mano enguantada que se mueve, lastimándome.

-¿Duele?
(No, Hace mucho que nada duele. Por eso estoy aquí.)

Necesito que duela por todo lo que no puedo dejar doler, por todo lo que no puedo gritar, por los secretos y las lágrimas que disimulo detrás de películas sosas.

Me dibuja las últimas líneas, son las difíciles. Siento como si un cuchillito me abre la piel y ese motor que brama incesante. No me quejo: sonrío. Como abrir un viejo álbum de fotos y verse tan pequeño, tan otro, tan uno.

Esa noche duermo en paz.



1.6.15

HISTORIA DE VERANO


Recordó aquella vez en la playa cuando le mostraron una aguaviva que la corriente había dejado en la arena. Transparente y pegajosa, escurridiza, no había que tocarla. Era peligrosa y ausente como un fantasma.

Pasó su mano entre las piernas y sintió la humedad que desbordaba la ropa interior. La bajó despacio  para encontrarse con esa pequeña aguaviva deslizándose por los muslos sin que se diera cuenta. Se metió en la ducha y refregó la prenda con agua pero los fluidos no se escurrían fácilmente. Entre sus piernas pasaba algo parecido: un filamento quedó suspendido entre sus dedos cuando se tocó, adentro, entre los vellos mojados. Olió con curiosidad aunque sabía que la orina no tenía esa densidad.

Recordó las ostras y otra vez el mar. El olor fuerte en el puerto. Por qué llamaban a una parte de su cuerpo como aquel caparazón que albergaba una perla y mucosidades tan parecidas a las que estaba encontrándose.

Tomó el jabón y lavó con fuerza la prenda hasta que no quedaron restos de los fluidos. Abrió las piernas y procedió a hacer lo mismo, hasta quedar limpia.

El beso fue esperado y las manos en la cintura apretándola, también. Una cosquilla se instaló en el vientre y fue fácil dejar entrar la lengua suave a acariciarle la boca. Sus brazos alrededor de la nuca lo atrajeron hasta sentir los latidos y la agitación al unísono con su pecho. La presión en sus caderas y un animal creciendo ahí cerca.

La tarde cayó rápido y corrieron a la casa donde se despidieron con timidez. El verano enfebrecía con los grillos gritando, escapando en la humedad.

Se secó el cuerpo y se acostó, pensando en la boca y en el cuerpo. Se acurrucó sonriendo y se durmió con su mano entre las piernas, soñando con el mar.

21.4.14

HISTORIA DE IBUPROFENOS

Fue en esa tarde, ya fresca porque era la mitad de junio, cuando decidí terminar con todo. Las palabras me habia pesado demasiado y las habia dejado caer como un bulto irregular que me lastimaba la espalda con sus filos. 

El día era normal, con sus insignificancias salvadoras en rutina y tedio. Un discreto desayuno con dos tazas de café y un ibuprofeno. Almuerzo detrás del escritorio. Media sonrisa entre los papeles que bailaban en mis manos. 
Por momentos una canción o una bocina me despertaban y los pensamientos volvían a enroscarse en mi estómago, clavando los colmillos llenos de veneno. 

*pasar canción* 

*cerrar ventana* 

*apagar las luces* 

Como dije, la tarde era fresca y mis dedos jugueteaban con los boletos viejos del bolsillo de la campera. En la farmacia pedí más ibuprofenos, los asesinos del dolor. 

Al lado de la puerta está un viejo sentado, con un carrito lleno de bolsas, aferrado a su bastón mientras su cuerpo se mueve inconexo y su mirada parece perderse en cada movimiento. 
Son 37 pesos, le dice el vendedor y el viejo le estira un botecito plástico transparente lleno de monedas y billetes apretujados. El vendedor vacila pero lo toma, lo abre y empieza a sacar cada billete mientras cuenta. El viejo no deja de moverse -¿hace cuánto que no podrá parar?-, lo miro impúdica como los chicos fascinados por lo extraño, hasta que nuestras miradas se encuentran, por voluntad o por casualidad. 

Pago mis remedios a un chico de voz muy grave, con un reloj pulsera demasiado grande. Salgo a la calle que está sucia y bulliciosa; un muchacho sonriente toca una pandereta sin ritmo pero con muchas ganas, fuera de este mundo, quién sabe en cual. El golpeteo histérico me acompaña hasta la esquina y ahi me doy cuenta, no podemos ser todos héroes, este es el momento de capitular. 


7.4.14

EL FANTASMA

Detrás del espejo
habia una figura
un hombre un personaje una sombra.
Vivió alli escondido
hasta que fue el tiempo
para salir
y destrozar
cualquier cristal reflejo luz
que pudiera existir
entre él y yo.

No seré eso que querés
ni podrás ser otro,
solo un fantasma
y te pediría
así
humilde
sin resquemores
que no aceches mi casa
no la llenes de frío,
mi sangre es caliente
y nunca me gustaron esos sitios altos
donde tanto te gusta volar.

6.4.14

REMOLINO


No quiero presenciar 
La muerte de mis amigos 
No quiero sufrir la partida 
El desengaño 
El dolor 
No quiero padecer la soledad 
A menos que mi fiel copa de vino 
Me arrulle con su terciopelo 

Imagine setenta y seis formas 
De vivir mi días 
Y aquí estoy, encadenada 
A este pedazo de mentira 

No me sueltes  
No te vayas 
No quiero el páramo 
La ironía de tu ausencia 
Embarrada en mis pensamientos 
Sin que pueda matarte 
No quiero mis recuerdos en una pesadilla constante 

Mi existencia duerme 
A cortina cerrada 
A postigo clavado 
En el fondo de un arca 

De mi amigo, de mi roca 
De aquello que me prometiste 
Desaparezco 
De las palabras y los besos 
De calles en madrugada y los zaguanes 
Afuera del mundo 
De los universos 
De las galaxias y esquinas 

Si tuviese una noche 
Para chocar con tu pecho 
Elegiría correr desnuda 
Entre los árboles y el viento. 

4.4.14

SHORT DE LENTEJUELAS

Hugo no me dijo que sus amigas me arrastrarían a su casa ese sábado. Tampoco tuvo en cuenta que hacía frío y lloviznaba, además de ser feriado y sin colectivos. Juana y Olga (no son sus verdaderos nombres, pasa que no los recuerdo. Ni siquiera sé si me los dijeron o no les pregunté). Juana era rubia, hermoso cuerpo, firme en sus veintipocos y mucho delineador de ojos. Olga era corpulenta y llena de rulos, hablaba fuerte y era la que tenía porro. Las dos eran simpáticas y me hacían sentir de mil años. 

Llegamos a la casa de Hugo y habia gente saliendo por todas las habitaciones. Sentados en el piso, sobre colchones, fumando y tomando cerveza. Hugo me vio. Hola mi amor, me dijo mientras me abrazaba y me besaba. Se rió con Olga y Juana se perdió en algún recoveco.
Estuve diez minutos dando vueltas por el patio, tratando de encontrar un lugar para sentirme tranquila. Hugo tocaba la guitarra frente a un grupo de chicos y parecía haberse olvidado de mi o de lo que me había llevado hasta ahí. Suspiré buscando alguna salvación en el teléfono y vi la hora. 
Entré a despedirme, era un día importante para mis alumnos e iba a llegar tarde. El cielo se puso más gris y la lluvia cayó con más ganas. Hugo insistía en que no podía irme sola (él no podía dejar su casa y su fiesta) así que convocó a Juana y Olga, otra vez, para que sean mis acompañantes. 

Intenté negarme con una vehemencia sobrenatural pero las chicas necesitaban ir hasta centro también. Hay un chico que quiero ver hoy mismo, sentenció Juana mientras buscaba entre unos trapos desordenados. Sacó un short de lentejuelas, sucio. Se bajó ahí mismo su pollerita y se cambió. ¿No te da asco no saber de quién es esa ropa?, le pregunté. Ella se rió y contestó que le encantaba. A su chico también. Olga asintió abriendo su paraguas y nos encaminamos hacia la avenida. 
El aguacero crecía, mientras convertía las calles en ríos. En la esquina logramos ver el colectivo que llegaba y aunque le hicimos señas, aceleró y pasó de largo.

MIRAR A ALGUIEN

¿Le miraste la cara de alguien que te gusta mucho? ¿Cuando está distraido, conversando con otra gente y no tiene idea que es observado en cada gesto? 

Y si mirás fijo, podés sentir como el mundo se esfuma y así el tiempo, dejando el espacio sentirse como un segundo de minutos y los bordes de la realidad se redondean hasta dejarse al infinito. La sangre se detiene en las venas, flotando. 

Ahi ves las sonrisas sinceras, las pupilas que brillan y se opacan. Los sorbos al vaso, nerviosos, las manos un poco temblorosas. La forma en que enarca las cejas cuando siente un poco de vergüenza, como se moja los labios cuando ya quiere irse. 

Cada poro y contracción son inexactos a la vez que perfectos, la armonía única del rostro único que en ese momento había elegido mirar. 

(Schubert se escuchaba de fondo, brindando un paseo etéreo a golpes de piano. Dulzura, le dice el ebrio.) 

 En lo que observás ya no existe límite de lo desconocido y familiar. Abriste una puerta, dejando entrar una muerte más que en el futuro deberás llorar. 

Luego se da vuelta y te encuentra. 

Entonces algo se enciende y es aquella persona que decide convertirse para vos, a la que dedica muecas únicas y deliberadas para que no las olvides, para que adores. 

Dentro tuyo algo empieza a moverse, a ronronear luego de un chasquido. Ah, claro, pasa también: me mira y todo cambia, se transforma y me dedica una sonrisa.


3.4.14

CINCO MINUTOS


Denme 5 minutos frente a la heladera que voy a saber que hacer. Aún cuando la desazón haya tomado forma de limones mustios o tapers que prometen nuevos mundos en su interior. Crearé algún plato original con elementos dudosos que puedan llamarse exóticos, o quizás algún arroz hervido hace una semana sea un excelente acompañamiento para un huevo duro.

Denme 5 minutos frente a la página en blanco y seguro la voy a llenar de palabras de frustración, alegría o un simple recuento de cuantos colectivos tuve que correr ese día. No aspiro el Pullitzer nunca más ni tampoco a cervanteadas violentas. La idea es que las letras sigan teniendo sentido cuando las paso de mi cabeza a la hoja, y que sigan sosteniendo mi insanía latente.

Denme 5 minutos frente a un hombre que seguro voy a saber si esa sonrisa implica una hermosa amistad o la debacle de mi vida. La sonrisa, la forma en que brindamos y cómo dice mi nombre, todo ello tan breve y aún así, esos minutos han sido el preludio de tantas hermosas catástrofes.

Denme 5 minutos frente a un animal asustado que voy a arrastrarme hasta conseguir rescatarlo de laberintos oscuros y sucios, que voy a dejarme lastimar con sus zarpazos desesperados con tal de asegurarme que no esté perdido o hambriento, sufrir con su indiferencia y abrazarlo hasta que deje de temblar.

Que luego de 5 minutos ya no habrá vuelta atrás y una nueva compañía estará en mis piernas, mientras escribo estas palabras, maullando distraído.


1.8.13

DATES

Es maravilloso cómo funcionan algunas cosas. Por ejemplo, tuve una mala cita meses atrás y ese fue el trampolín para descubrir cosas maravillosas.

Recapitulo: tuve una mala cita. Pésima. Horrible. De esas experiencias que las vemos luego en el tiempo y decimos “cómo hice para caer en esa situación? acaso estoy ciega? sorda? debo dejar el alcohol y las drogas? Cómo ha sido un ser humano capaz de aburrirme tanto en tan poco tiempo?” God only knows.

Hay niveles de horrenditud en las citas. A veces es el contexto el que no ayuda, a veces es la otra persona, a veces es uno mismo.

Recuerdo haber salido con un muchacho relativamente agradable que no dudó en hacerme pagar la mayoría de la cuenta, escudándose en una excusa sexista y espantosa. Ok, lo entendí, de cualquier forma iba a pagar lo que comí, tranquilizate ratón!

A veces el contexto es difícil, sobre todo cuando te explican en la primera cita que su vida se rige por las enseñanzas de una serie de televisión. Cada uno de sus actos son repeticiones de lo que algún guionista (brillante, igual no importa) ha decidido escribir como filosofía. No aguanté mucho, la serie era buena pero ¿en serio? ¿en serio me decís?.

Y por supuesto, a veces es una la que desata el apocalipsis porque no tiene nada mejor que hacer. Muchas de mis peores citas fueron porque internet estaba lento y no podía bajar la película que quería. Uno no va a la guerra si no está dispuesto a matar, de la misma forma, una no va a una cita si no está dispuesta a dejarse mentir un rato.

Lo bueno (que siempre existe) es que una de estas horripilantes situaciones me puso un domingo a la madrugada, con mucho frío, un cigarrillo de ansiedad prendido, caminando por las calles desiertas del microcentro preguntándome CÓMO CARAJOS LLEGUÉ AHÍ.

El resultado fue un debate interno excepcional que me llevó a escribir un bello texto que otro día compartiré.


Como dirían los amantes del new age, reciclar es divertido, todo todo todo se transforma.


26.3.13

CRÓNICA CONSUMISTA


Mi alarma vomitó unos crueles acordes de guitarra eléctrica que me obligan a pensar que quiero morirme para dormir cinco minutos más. Luego hago café en la oscuridad porque el sol no ha pensado en aparecer.

Mi abuela me esperaba sentadita en la galería, paraguas en mano y convencida que no iba a llover. Caminamos por el centro mirando zapatillas y se gastó una fortuna en 3 pares de reebok vintage para sus nietos (ninguno era yo, lamentablemente).

En la vuelta paró en la semillería, emocionada de poder comprar sus especias sin intermediarios que nunca le llevan lo que ella pide. Su preocupación por no tener pimienta negra me pareció legítima y la esperé sentada en banquitos de plástico mientras ojeaba facebook a ver si algún mensaje...

Quiero costeletas de cerdo, me dijo y cruzamos al Mercado del Norte a mezclarnos con la fauna variada de media mañana que come pizza y kipes mientras las sierras chillan cortando huesos.
Es fácil saber quien no pertenece a ese ecosistema, allí donde las bolsitas de plástico o los changos de compras te golpean las rodillas. Un muchacho de zapatillas de lona y camisa a cuadros manga corta se acomodaba los auriculares y observaba alrededor, como quién baja en la estación equivocada. Los carniceros con delantales blancos manchados de grasa y sangre se paran en la puerta de sus negocios, manos en cintura a susurrar piropos a las adolescentes que pasan. Las cabezas de chanchos te miran indiferentes en sus ganchos.

Comentamos que el precio del sábalo está borrado porque es semana santa y son todos unos oportunistas. Tu abuelo se va temprano al banco para conversar, me dice ella y segundos después me grita ¡miralo ahí está!, mientras señala al hombre de pulóver verde agua, regalo de algún cumpleaños, que lo obligan a usar.

Tengo que ir a tocarle el hombro porque no responde a mis gritos al otro lado de la calle. Nos compra costeletas y bifes de corazón. Escucho que está riéndose con el carnicero porque ya debió hacerse amigo y me pregunto por qué no heredé su sociabilidad. O su habilidad para los números.

Nos repartimos bolsas y tomamos el colectivo hacia barrio oeste. Recién noto que mi abuelo usa reeboks también, mirá qué coincidencia.




26.1.13

POR QUÉ MIS SUEGRAS ME ODIABAN

 Parte I

By C.

Estuve conversando con una amiga sobre suegros, suegras y progenitores de pareja en general. Tengo sobre mis espaldas –lo digo sin orgullo, aclaro-, el récord de no haberle caído bien a ningún padre de mis ex parejas.
¿Por qué? Se preguntará algún incauto desconocedor de mis formas.
Analizando muy detalladamente, he aquí un par de razones por las que, seguramente, más de uno habrá querido patearme a la calle.

Number One

Tiendo –por arbitrio del destino- a relacionarme con hombres católicos. O descendiente de madres fuertemente católicas, de las copadas, con vírgenes propias y altares varios, santos favoritos y demás peculiaridades religiosas.
Yo soy atea. Básicamente un demonio evolucionista que larga relajadamente un “jamás me casaré por iglesia” y seguir sonriendo. Entonces puedo leer las caras de esas mujeres bien confesadas ¿qué planes diabólicos tendrá para mi  hijo, cómo es posible? ¿Y qué pensará del Santo Padre?
Y poner cara de circunstancia con cada mención del Vaticano, créanme, no es una forma de ganar el cariño de una suegra.


Number Two

No me gusta la gente. Los padres son gente, ergo, no me gustan los padres. No por una tendencia gratuita a detestar a la raza humana (aunque a veces si), sino por una costumbre arraigada de no confiar en la gente, parezca maravillosa o no.
Entonces, una delicada tirantez en mis modales se notará en mi intercambio social con mis futuros parientes.
Me fascinaría poder decirles: no es algo personal, simplemente no te conozco y podés ser una criatura detestable, no me vas a gustar solo porque participaste en la creación de esta persona que ahora quiero.
Otra vez, no es el mejor discurso para romper el hielo.

Number Three

Las madres suelen poner límites. Las madres suelen creer que la mujercita que elija su crecido bebé tiene que ser una prolongación de ellas mismas. Proyectan, erróneamente, su amparo y cuidado a una perfecta extraña. Pretenden que impongan los mismos límites, que impartan las mismas reglas.
Alerta de carcajada: No creo que una pareja sea un hijo heredado y haya que andar limpiándoles las narices u otros orificios. No creo en poner límites –¿acaso no somos adultos? por las barbas de Odín!-, no creo en albergarlos bajo el ala como una gallinita cuidatodo.
Las buenas intenciones de los padres, la famosa frase yo sé lo qué es mejor para vos, es la mentira más grande después de los Reyes Magos. Ellos pueden no saber que nos hace felices, puede que no sea lo que los hace felices a ellos.  Déjenos tranquilos señora,  encontraremos solitos el camino al País de las Maravillas.


-Por supuesto hay otras razones por las cuales soy un pésimo proyecto de nuera, pero prefiero dejarlo para más adelante. -

9.1.13

THANK YOU FOR ALL THE FISH


Hoy es mi último día de terapia. Último quizás por mucho tiempo debido a las vacaciones, la obra social, mi pobreza, etc. Las excusas siempre vienen de a muchas.
Entonces…


A las 1730 entraré a ese edificio que –dicen- se puede caer en cualquier momento porque es viejísimo. Segundo piso, B. B de bueno, bondad, bello, boludo, bisexual.

Pueden ser todos adjetivos a mi psicólogo, aunque no los merezca (a todos) porque es un hombre como ya no vienen, que me ha llevado por los tumultuosos recorridos de mi subconsciente, puteándome, riéndose, peleándome.

Voy a extrañar esos 40 minutos de vómito mental, (a menudo criticándole en mi cabeza su gusto para los pulóveres), esa silla incómoda y la biografía de Lacan mirándome al lado.

En vísperas de la despedida, consideré buena idea escribir algo conmemorativo, quizás hacerlo costumbre. Una vez ya escribir intrascendencias me ayudó a salir de un pozo y conseguirme muchos problemitas con los cuales estar ocupada. Me gustan los problemas, me mantienen entretenida. Ahora tengo un criterio mucho más refinado para elegirlos así que puede ser un hermoso experimento. Estuve desocupada mucho tiempo y no hay peor castigo para un ser humano que estar con sus propios pensamientos sin tener donde quemarlos.

Gracias D, aunque nunca me leas, como te lo digo siempre, todo esto es tu culpa.



5.11.12

EXCELENTE DIEZ


Es perfecto, siempre fue perfecto.
Nunca una mancha, nunca una discusión.
Los deseos juntos, coordinados, adecuados.
Inconmovible. Inmaculado. Sin tropiezos. Sin miedo. Seguro. Estable.
Ordenado.
Irreal.
Hermoso.
Perfecto.
Ridículamente perfecto.
Limitado.
Falso.
Una mentira.
Lo supimos todo el tiempo, desde el primer encuentro que seríamos testigos de un fuego paralizante y enorme que jamás destruiría absolutamente nada.

Otoño

...gritó hasta que le ardieron los pulmones y el fuego lo enloqueció.

10.9.12

EL UNIVERSO NO DUELE


Son graciosos los caminos que elegimos para no sentirnos solos. Para poder sentir que no somos éter rodando en el universo sin entidad física. Necesitamos que alguien nos toque nos hable nos despierte de lo que creemos es un sueño/pesadilla.

El trabajo.

La comida.

El sexo.

¿Algún hobbie socialmente aceptable?

El arte.

Es la maldición del ser humano y su albedrío. Es el castigo del dios que todos creen benévolo y justo, te escribo el guión hasta la mitad, el resto es tu responsabilidad. Nunca es su culpa, es nuestra. Nuestras elecciones. Como si fuera posible no elegir y pasar la vida como una mascota, comiendo, caminando, cagando, siguiendo las reglas.

¿Qué pasa con las otras personas? ¿Con las que colisionamos sin querer y rasgan la burbuja? Nuestra decisión, dice. Es mi albedrío. Es mi grand finale.

Una mierda el libre albedrío, si se me permite la opinión. Creo en el caos, en la imprevisibilidad del futuro, de los elementos atractores y aquellos que se alejan. La libertad es un mito para los soñadores, para las excusas, estamos confinados a fuerzas que no entendemos, que nos envuelven invisibles y así también nos expulsan a otros campos. Rebotamos en un vasto castillo inflable, creemos que estamos allí porque queremos, porque lo elegimos. No, no hay nada que podamos elegir, quizás algún dios pudo elegir su omnipotencia y ahí estará arrepintiéndose. Él tampoco es libre, jamás lo será, solo tiene un teatro y millones de actores que ejecutan sus pequeñas vidas. Rebotando de un lado a otro sin que puedan hacer nada.

Porque verás, cuando elegí besarte, dejarme atar por esos hilos frenéticos, ya sabia que no tenia salvación. Sabia que cuando abrieras los ojos y tus labios se separasen de mi, otra vez mis moléculas se separarían y dispersas, se escaparían lejos, donde no pudiese atraparlas.



27.8.12

NOVIEMBRE

La calle se mueve lenta. El calor se eleve en un vapor invisible que entra por cada poro, impiadoso. Cara de rojas langostas. Gotas de sudor por las piernas, brazos, pecho, cuello, orejas; pequeñas gotas que se evaporan sin refrescar.

Caminé las diez cuadras sintiendo mi cerebro cerrarse. No tenía sed. No estaba cansada. Sólo sentía los rayos atravesarme, mi corazón alterado y el hueco en el estómago.

Subí el volumen de la canción: ahora me aturdo. Uno a la vez mis pies, adelante adelante, por la vereda, las baldosas, el pavimento de agua, la tierra y el polvo. Siento mi remera pegarse a mi cuerpo húmedo e incandescente: soy una supernova, voy a crear miles de estrellas desde mi pelo seco, de mis piernas, mis dedos, desde mi blancura, mucha luz.

Acaricio el picaporte de mi puerta y la llave se desliza en silencio. Adentro no hay nadie, no hay redención ni una sonrisa salvadora. Tiro mi bolso al piso y hace eco en la casa vacía.

Lo único frío es el hueco en mi estómago, que se vuelve un alivio. Despacio me desplomo en el piso y me saco la ropa, despacio, los mosaicos me reciben con mi sudor y con mis lágrimas, despacio, con los espasmos y el eco de cada uno reventando en mi cabeza. Mi cuerpo se enfría horas después cuando en el cielo aparece la primera nube de tormenta.



3.7.12

EIGHT

Estábamos en la habitación, las luces bajas y alguien tocando la trompeta en los parlantes. Le muestro mis medias como se lo había prometido en el bar, hace una hora. Me negué a hacerlo en el auto para no perderme los músculos de su cara, tensos de expectativa. Es hermoso verlo como un extraño recién conocido y las facciones de siempre, reconocibles aún en la penumbra.
Luego charlamos sobre los viejos amigos que no veíamos hace tiempo, los cercanos a mi de lo que podía saber algo. La distancia lo había llevado lejos de un mundo en común que podíamos recuperar de a pedazos, si acaso.

-Cuántos meses pasaron? Cinco?

-Ocho.

-Se sienten como años

-Nunca hablamos después de esos días.

Lo abrazo sin sentimentalismos, me susurra una vieja broma y nos reímos. Nos extrañamos y podríamos vivir el resto de nuestra vida sin volver a tocarnos.

-No esperaba tu llamada

-No esperaba volver

-Casualidad?

-Quería verte.

No es cierto y en la mentira me siento segura. ¿Qué vida es esta? ¿La segunda? ¿La tercera? Con cuánto cuidado deberé armar las historias para que nadie nos descubra? Es excitante, es maravilloso, mañana se termina, a primera hora por la ventana cuando aparezca el sol, otra parte de mi vida que no existirá jamás.



3.6.12

300

Trescientos días han pasado con sus horas y sus estúpidos minutos. Trescientas marcas en el calendario hasta que tu cara apareció, fuera de mi mente, como un fantasma olvidado. Me vi en sus ojos y quise correr, al pasado donde eras intocable inofensivo, no así mundano, tomando taxis, pagando cuentas.
Pienso en comprar otro almanaque.
Trescientos días que siguen siendo el primero, porque el tiempo no pasa (cruel piedad), y otra vez ese desencanto de las causas imposibles.

21.5.12

OH MOTHER QUEEN

same mistake



Abrí los ojos y lo vi con su camisa abierta dejando su pecho brilloso agitarse sin barreras. Lo toqué con la punta de mis dedos, apenas apoyando las yemas sobre la piel, deslizándolos despacio hacia abajo. La respiración se hizo profunda y un gemido me avisó que había llegado a un punto crítico.

(Su boca sobre la mía, suave, como si fuera una fruta)

Luces, Madonna ronroneando lejos. Mi propia agitación y su cara a mi lado diciéndome algo que no recuerdo.

Sus manos siguen sobre mi , acariciándome como si fuera a escaparme. Susurra, me gusta tu piel; me recorre punta a punta, besos pequeños y grandes, traidores, de nuevo el derrumbe de cualquier voluntad, me someto al calor que sube espalda arriba, electrificando poros y sentidos.

Recuerdo el vino, la brasa encendida de un cigarrillo en el balcón, el mundo que se apaga lento, el silencio que sigue, un rumor sordo en mis oídos que aumenta. Me tiembla la garganta y me aferro a su hombro, a su pelo, luego vuelve el silencio, luego es como si despertara finalmente.

Imposible no sentirme nerviosa, con los años que habían pasado entre nosotros (nosotros: mente-cuerpo-expectativas), éramos otros. Diferentes y no. Convergíamos otra vez, imposible no sentirme nerviosa.

Mick Jagger gritaba su rocanrol desde Inglaterra, mother queen, he allí todo pulmones y furia. Terminamos el vino. Hicimos preguntas de rigor y otras más comprometidas, caminamos lentamente en las fantasías de cada uno. Éramos presente, vino, cigarrillos, Mick Jagger, Keith el inmortal, etc. Rodamos, toda la noche, riéndonos de la mismísima realidad.


Photo: Same Mistake by macxoom