4.9.09

DENTRO TUYO


Esperaba que el anillo en el anular izquierdo fuese una nostalgia por una esposa muerta. Pasando junto a él escuché parte de una conversación: tenía un hijo. Era un padre.

Tendría alrededor de 26 años, pelo castaño claro y manos perfectas, como nunca antes había visto en un hombre, surcadas por venas ligeramente hinchadas que partían hacia los dedos, largos, de uñas rosadas redondeadas. Sus palmas suaves. Y su boca. Pequeña y fina, roja como una herida abierta manando de sangre.

Quería tomarlo, beberlo y succionarlo. Lo veía feliz y quería su energía para volver a vivir. Volverme rosada, turgente como sus labios, llenos de sangre, para morderlos y sentir la frescura corriendo por mi boca mis dientes, chorreando por mi cuello y bajando. Frescura infinita que me hiele que me congele y lo vea detrás el vapor de mi aliento.

Te devoro hasta que tus ojos dejen de brillar; tu sonrisa -que amo- es verde y mullida como un campo en verano. -Te deseo-. Aquí mismo te abrazaría sin ropa, sintiendo los latidos en cada una de tus venas, las marcas blancas de mis dedos apretándote, romperte. Quiero romperte, desgarrarte como una seda exquisita, fina tu piel, fina la seda, apenas manchada de puntos rosados, pecas carmines por todo tu cuerpo que tiembla en mis brazos mientras resbala, entre mis lágrimas...

-pausa-

Esta dormido con su boca entreabierta, deseando mis besos. Me mira, mi rostro detenido en sus pupilas, suya más allá, sus ojos sus pupilas me atraparon, me encerraron con él y lo acompaño en algún sendero eterno.

No tiembla, lo cubro, mi calor y su frescura, es su sangre en mis manos.

Lo rompí. Grito.

Quiero unirlo. Me arranco las uñas, llorando...

-Te lloro, amor mío!-

Ha muerto ha muerto.





27.8.09

CON LOS OJOS CERRADOS


Vamos de viaje, por la ruta gris, mirando el atardecer sobre los campos lisos. El horizonte anaranjado. Él maneja su auto con soltura, relajando sus brazos sobre el volante, golpeteando los dedos aún cuando no hay música. Conversamos y me cruzo de piernas hundida en el asiento. Me desafía. Se tapa los ojos y me obliga a tomar el volante para no chocar. Grito. Lo reto. Me asusto. Me río. Se venda los ojos con un pañuelo azul y blanco de algodón. Se ríe. Estoy muy cerca de él, de su cara. Me besa tomando completamente mi boca. Siento sus labios suaves que por primera vez no estan ansiosos. Vamos a chocar, pienso, pero no puedo evitar cerrar los ojos y disrutarlo.

Afuera esta frío y huele a campo. La ruta tiene unos pocos autos que con la inminente oscuridad, van prendiendo sus luces. Doblamos en un camino de tierra, hacia una quinta perdida entre el follaje. La casa es grande y sencilla, con una galeria de piso rojo en el fondo. Se siente el chisporroteo en alguna parte del fuego. Habría un asado pero falta la carne, falta todo.

Su amigo nos recibe, me abraza con mucho cariño. Me recrimina el tantísimo tiempo que no nos vemos. El abrazo dura más de lo normal y me besa el cuello haciendo ruidos chistosos. Nos reímos. Lo quiero mucho y también lo he extrañado. Pienso en que diría El Chico del Beso en el Auto, que camina cerca, saludando a los demás.

La noche ha caído. Mi hermano, que también se encuentra allí, me lleva aparte y me pide que lo lleve a la ciudad. Acepto. De paso, pienso, traigo vino y provisiones. Es temprano, quizás las nueve. Nos perdemos en el camino, llegamos a la ruta, a la parada de omnibus. Nos sorprende el tráfico, intenso ahora, que nos ciega con sus luces altas. Cuál tomamos? Cualquiera que nos lleve al centro de la ciudad. Subimos y espero no olvidar como regresar y encontrar la casa en la oscuridad. Pero es temprano.

El Chico del Beso en el Auto se quedó en la casa. No lo extraño. Apenas pienso en él. Llevo mis dedos a la boca y ahí si, extraño, recuerdo su boca en la mía. El sabor. El camino que pasaba debajo, rapidísimo, y nosotros sin notarlo. Extraño el beso, mi labio aprisionado. (Desde la plaza, me dijo su amigo, se llega fácilmente, todos conocen donde queda la casa). Las piedras quejándose debajo de mis pies, las hojas. Reconozco el camino de tierra, la veo: la casa iluminada, las risas adentro, la botella de vino en mi regazo.






19.8.09

SIDE EFFECTS


Más allá de las consecuencias usuales de un divorcio, mucha gente se olvida de pequeñísimos detalles que hacen de la etapa posterior (también) un pequeñisimo infierno.

Aún cuando la separación sea en términos cordiales y amistosos (donde no haya una lucha a muerte por las pelusas del otro o niñitos saltando del psicólogo al abogado); aún asi para las partes involucradas, el camino del after es tortuoso.

(Nótese por favor que voy a hablar con total conocimiento de causa, en tono de protesta indignada con toda la gente que le agrega stress a una situación que per se ya es un embole total. Lo siguiente es absolutamente tendencioso y desprovisto de reflexión y/o consideración alguna)

A saber:

Morbo: toda persona que se entera de tu reciente separación quiere saber POR QUÉ te separaste No importa que no conozca al ex, no importa si es pertinente, no importa si te acaban de conocer. Por qué? Es la primera pregunta. Una se contiene y contesta la primera boludez amable que se le ocurre. Pero en realidad deberia contestar lo que están esperando: él te metió los cuernos con una de 18 años o vos te quedaste a hacer horas extras con tu jefe. Se puede ver incluso una pequeña sonrisa de satisfacción en el interlocutor. No es la fe la que mueve montañas, es el morbo.

Tiempo: después del por qué viene la averiguación sobre cuánto tiempo estuvieron juntos. Asumo que es para evaluar el grado de estropeamiento mental y/o físico en que se encuentran. Obviamente esta pregunta siempre va acompañada de la averiguación de las edades de los involucrados y ocupaciones actuales. No nos engañemos, el interlocutor esta pensando en el hermano/a, primo/a, amigo/a soltero que puede agarrar un pedazo de carne afligida, que cuanto más independiente y bien pagado esté, mucho mejor.

Descendencia: hijos o no hijos, that’s the question. Con eso se evalúa no sólo que tan problemática es la separación sino también el grado de compromiso en la pareja. La frase que lo confirma es “por algo no habrán tenido hijos” y etcs. Una perfecta chotez.

Valores: monetarios, por supuesto. Cosas de valor en común. Quién se queda con qué. Porque no es suficiente con enterarse de todo lo anterior sino que también hay que saber quien es el que salió más o menos beneficiado. Quién se quedó con la casa, con el auto, con el cepillo de limpiar el inodoro... todo.

Interpretación errónea de la realidad: frases como aaah, ahora vas a salir, reventar la noche, conocer todos los tipos que quieras, etc, son los indicadores que el interlocutor tiene la idea que el matrimonio es básicamente como la relación que tenia la princesa Leia con Jabba the Hutt. Libertad se traduce en salir de reviente y pasear de orgía en orgía, como una forma validísima y correcta para lidiar y superar (ojo al piojo) la separación. Nunca creí que un clavo sacase otro clavo.

En el otro lado de la moneda esta la gente ubicada y por lo tanto, confiable, que no pregunta nada innecesario (solo un saludable cómo estas?) y simplemente te ofrece un abrazo, una salida, unas copas de vino y te escucha. Son los únicos pilares donde afirmar la poca salud mental que queda entre tanto chismoso, molesto, jodido. Las cosas como son. Y si las cosas no están juntas, por algo será. Para qué querer saber más.




12.8.09

LUNAS


Hay lunas, everywhere
Como mariposas blancas
Polillas molestas
En la mitad de la noche.

Escribo para que no oigas
Todo el griterío pasajero,
Y me mires

Los firuletes azules
En la hoja blanca
Que se queja por mis irreverencias
Ella prefiría morir virgen
(como aquella otra)
Acabada en un estante,
Húmeda.

No me quiere contándote mentiras,
La vida
Las altísimas nubes deformes
Que me protegen de los rayos
La luz en mi cabeza.

Hay lunas, everywhere
Marcando otro camino.

4.8.09

Julio. Gustav. James


Soy una leve presencia. Breve, sin sombra ni materia. Un par de ojos vacíos en la noche, deambulando confusa en la neblina de una noche invernal.

Pasada la medianoche ahogaría un lamento, sería un soplo de aire helado, unos dedos fríos rozando pieles tibias.

Intrusa.

Traspasada por miles de cuerpos.

Anónima y olvidada.

Un tintineo inoportuno.

Unos pasos ligeros en el pasillo.

Tu corazón que se acelera y se acelera sin saber porqué. Ahí estoy, invisible y paria. Soy un recuerdo. Soy una nada.



¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

James Joyce

Definición del Fantasma

Ulysses (1921)


Foto: Klimt



15.7.09

EXPERIMENTOS


Tengo fuera de mi un torbellino ambulante, me tira besos y se desprende el vestido dejandome ver su cuello fino, deseoso.
Afuera me persiguen las canciones viejas, las rutinas y muchas pelotitas de colores que se escurren de mis manos, corren por el piso y me arrastro, lastimándome las manos las rodillas, tratando de alcanzarlas. Su brillo me eclipsa. Me hacen gritar. Afuera tengo vida. Un torbellino desordenado que baila las viejas melodías. Conozco esas melodías, la letra que tarareo les pertenece.
Por dentro estoy volando y quiero dormirme. Tomo pastillas, tomo bebidas y me intoxico leyendo. Vomito. El cuerpo se estremece en un espasmo para liberar lo que no puedo retener, cierro los ojos. Lo dejo hacer, que salga que se libere. Termino llorando en el suelo, amortiguada y sucia, temblando, deseando tu vestido tu cuello tu...


(Después)

Acaso no me responderías cuando te pregunte dónde vamos. Como siempre dejaría que me tomes de las manos y me lleves. Me cansé de preguntar, de las razones que lo explican todo cuando me estoy volviendo loca. No vale la pena, no sirve. Soy una niña y me diste pelotitas de colores para que me distraiga. Pusiste la música fuerte para que no te escuche y solamente sonría al verte mover los labios.
Te vas bailando una canción que tenés dentro de tu cabeza, te tocas los hombros y te deseo como siempre, aún más ahora, me paro y corro hacia donde estas.

(Ahora)

Alguien me llama desde lejos y estoy metida en la cama tapada con las colchas y las sábanas, sintiendo la tibieza de mi aliento. Estoy rezando, o contando los minutos. Afuera hace frío y hay sol, intruso en mi pared con sus rayos y mi dolor de cabeza. He soñado, te cuento, que era una niña y jugaba con mariposas en un campo amarillo y marrón. Estaba nublado como en la mayoría de mis sueños, coloreado en grises bonitos y no había viento.
Me detenía sin aliento en la mitad de la carrera y caía en el pasto (me molestaban las piedras en la espalda) y dibujaba con mis manos la tersura de tu cuerpo.



Foto: Domen Lombergar

11.5.09

LET DOWN




Ella se veía, a través del vidrio, abrumada. Pesaba en su nuca una carga muerta, una levísima inclinación en su mirada, en su cabeza, en sus brazos y las manos, rojas del frío, abrazan la taza que humea.

Parece como si, en cualquier momento, se fuese a levantar, desesperada, salir corriendo a la calle, llorando, usando sus manos frías para calmar el estallido de su cara.
Suspira. Mira, husmeando el horizonte. Tiene el pecho inflado de aire que no se quiere ir. Es una hija del invierno, que le da excusas para esconderse detrás de bufandas y sobretodos, una armadura, sombreros hasta los ojos y guantes para sus manos.

Debe estar pensando en alguien que no llega. Que no va a llegar. Fue a calentarse, a resguardar su nariz del viento, a esperar una hora específica. No espera a nadie. Su cara es de resignación, de alguien que ya a escrito su final, que dijo palabras de despedida, que abrazó con fuerza para no olvidar el olor que despedía su piel, para recordarlo en todos los abrazos que vaya a dar de aquí en adelante, porque no serán de él.

Cuando veo que se le pierde la mirada en la muchedumbre ciega que pasa en las calles, sé que lo está recordando, en ese mismo instante seguramente imagina una preciosa fantasía, (hasta puedo ver que las comisuras le tiemblan en una pequeña sonrisa).

Se despierta, sacude la cabeza, se concentra en sus manos ahora tibias y la taza que ya no humea, en el bar ruidoso y la silla vacía delante suyo. Como dije, no espera a nadie. Levanta la mano, el mozo se acerca, le paga con el cambio justo y toma su bolso y su abrigo y sale. Quisiera correr, romper con un martillo esa realidad que le pesa, quiero despedazar, triturar los vidrios que le reflejan su figura solitaria, como una trampa, sola y sin salida. Luego mirarla a los ojos y verla ligera, una sonrisa y otro suspiro. Quiero seguirla por las calles frías de gente muerta hasta que me doy cuenta que la he perdido en ese cementerio palpitante.