27.8.09

CON LOS OJOS CERRADOS


Vamos de viaje, por la ruta gris, mirando el atardecer sobre los campos lisos. El horizonte anaranjado. Él maneja su auto con soltura, relajando sus brazos sobre el volante, golpeteando los dedos aún cuando no hay música. Conversamos y me cruzo de piernas hundida en el asiento. Me desafía. Se tapa los ojos y me obliga a tomar el volante para no chocar. Grito. Lo reto. Me asusto. Me río. Se venda los ojos con un pañuelo azul y blanco de algodón. Se ríe. Estoy muy cerca de él, de su cara. Me besa tomando completamente mi boca. Siento sus labios suaves que por primera vez no estan ansiosos. Vamos a chocar, pienso, pero no puedo evitar cerrar los ojos y disrutarlo.

Afuera esta frío y huele a campo. La ruta tiene unos pocos autos que con la inminente oscuridad, van prendiendo sus luces. Doblamos en un camino de tierra, hacia una quinta perdida entre el follaje. La casa es grande y sencilla, con una galeria de piso rojo en el fondo. Se siente el chisporroteo en alguna parte del fuego. Habría un asado pero falta la carne, falta todo.

Su amigo nos recibe, me abraza con mucho cariño. Me recrimina el tantísimo tiempo que no nos vemos. El abrazo dura más de lo normal y me besa el cuello haciendo ruidos chistosos. Nos reímos. Lo quiero mucho y también lo he extrañado. Pienso en que diría El Chico del Beso en el Auto, que camina cerca, saludando a los demás.

La noche ha caído. Mi hermano, que también se encuentra allí, me lleva aparte y me pide que lo lleve a la ciudad. Acepto. De paso, pienso, traigo vino y provisiones. Es temprano, quizás las nueve. Nos perdemos en el camino, llegamos a la ruta, a la parada de omnibus. Nos sorprende el tráfico, intenso ahora, que nos ciega con sus luces altas. Cuál tomamos? Cualquiera que nos lleve al centro de la ciudad. Subimos y espero no olvidar como regresar y encontrar la casa en la oscuridad. Pero es temprano.

El Chico del Beso en el Auto se quedó en la casa. No lo extraño. Apenas pienso en él. Llevo mis dedos a la boca y ahí si, extraño, recuerdo su boca en la mía. El sabor. El camino que pasaba debajo, rapidísimo, y nosotros sin notarlo. Extraño el beso, mi labio aprisionado. (Desde la plaza, me dijo su amigo, se llega fácilmente, todos conocen donde queda la casa). Las piedras quejándose debajo de mis pies, las hojas. Reconozco el camino de tierra, la veo: la casa iluminada, las risas adentro, la botella de vino en mi regazo.






1 comentario:

Lady V dijo...

me encanto.