JUST LIKE MOVIES
Me despierto.
Primera escena de la película.
Veo el techo. Techo que se mueve. Sueños y realidad mezclados en ese baile de las maderas arriba de mi cabeza.
Cierro los ojos.
(¿Dónde estoy?)
Voces y risas y pasos. Voces familiares, risas de extraños, pasos de una rutina diaria dominguera que ahora desconozco. La reconozco del pasado.
(¿Quiero despertar o…?)
Mi cabeza está llena de imágenes y pedazos de charlas, bah, de palabras sueltas. Está el líquido rojo sirviéndose en una copa pequeña; también humo junto con la sensación estratosférica de la distancia del mundo, desde otra dimensión.
No es el mundo entero, es un pedacito: musicalizado con acordes de bajos y el perfume del viento de otoño, de la noche que no es fría, es fresca y está cargada de nostalgia y algún dolorcito. Estoy parada en la mitad de un patio que no conozco, buscando la luna…
Me levanto utilizando esa reserva de energía, ese piloto automático de los domingos.
Sonrío a los extraños que quiero tanto e ignoro mi cabeza danzarina y mis brazos cansados; es un camino para recorrer descalza envuelta en rutinas ajenas y ganas de café.
Me hundo en la corriente, acoplándome a su bailecito inquieto, me dejo llevar con la única esperanza de llegar a mi pequeña casa, con mis platos sucios, con mis prisiones personales y las limas afiladas.
Los días terminan de la misma forma, el volumen bajo de la televisión y tantas certezas que parecen ilusiones, enredadas conmigo en un acolchado rojo.
Fin.




