29.4.09

TAKING A SEAT


Aqui estoy, pensando en volver a los viejos vicios que me mantenían alejada pero feliz. Las viejas drogas de papel y lápiz, horas sin sueño. Las nuevas drogas del mercado, seduciéndome feliz por tan poco tiempo, son abandónicas. Entonces me veo tan desorientada en mi abstinencia que, después del temblor -despiértenme, cuando pase-, me voy a sentar en la ventana a mirar la noche fría y tirar un cigarrillo por la mitad.
El otoño apenas tiene hojas, el trabajo pasa lento y por donde mire no hay más que payasos grotescos que no hacen gracia.
Voy a mirar películas dobladas e imaginar que hago un muñeco de nieve con una zanahoria de nariz.





14.4.09

VENCIMIENTOS


Me siento como el yogur vencido en mi heladera. Lo compré en esos alardes de vida sana que me posesionan una vez al mes, mitad por el estado calamitoso de mi cuerpo, mitad por las hormonas, seguramente.

Ya pasó un mes. El pobrecito yogur miró impasible como su compañero (habia comprado dos) se despedia rápidamente y supongo que esperó su turno, impaciente al principio y después con un poco de ansiedad. Asumo que la fecha en su cabeza le daba un extra para preocuparse: su vida es corta.

Su 11 de marzo pasó, y el 12 y el 13 y sucesivamente su esperanza dio contra el suelo porque se sabe que los yogures vencidos son dañinos, destinados a la expatriarse al tacho de basura sin preguntas ni piedades.

Aún asi cuando abro la heladera y veo su carita blanca, firme sobre su colchon de frutas, enhiesto y digno, parece recién comprado, todavia esperando ser devorado en una colación.

Detesto verlo y saber que es inevitable el destino que lo espera junto a los restos de comida y botellas vacías; yo sé su destino y retardo la despedida porque, como dije, me siento igual que ese yogur vencido. Que sé mi desenlace inevitable y las esperanzas me llenan de un falso orgullo que me mantienen esperando, ahi, en la puerta de la heladera; espero el milagro cuando sé, muy bien, que estoy destinada junto a los desperdicios.





8.4.09

TWENTY-SEVEN


Luego un no-breve momento de distancia, retorno a los bytes de la comunidad bloguerina a comentar sobre mi inefable vida, mientras escucho música inapropiada y bajo series aún más inapropiadas.

Estos días estuve dedicada a acomodarme a mi nueva vida laboral, y después de pasar por varios estados emocionales (bronca, indignación, hartazgo, etc), me relajé y disfruté de las cosas buenas. Nada hará cambiar a la máquina aplanadora de voluntades en la que se convirtió la nueva empresa del siglo XXI.

Cambio 6 hs de mi tiempo por tener mi preciosa reflex digital. Cambio la cama por una hora de gimnasia para no parecer un muñeco michelin, cambio siestas por películas y libros. Vivo un eterno trueque en el que nunca siento que pierdo.

Aún hoy, que cumplo 27 años, por primera vez no siento que pierdo un año sino que finally lo vivo contenta. Me siento de 27. Me cara delata mis 27. Ni hablemos de mis brazos, muslos y papada...
Pero no me interesa, quiero tener 27 y me gusta el impar.

A mis queridos amigos, los antiguos, esos que ya vienen de antaño y nos conocemos bien; los nuevos, esas perlas que todavia me regala la vida, a los de siempre que me cambiaron la vida y estarán en mi siempre:
GRACIAS

Porque toda esta perorata de lo bien que estoy y que bien me siento no sería posible si ustedes no hubieran estado a mi lado y bancándome (en el sentido más estricto).

Los quiero, adoro, amo, millones de besos y abrazos.

Feliz cumpleaños a mi.