AFTERWARDS

A los que nos contaron cuentos de chicos, vivimos cada final con el famoso, they live happily ever after, o en español, vivieron felices por siempre. Pero que es lo que pasaba after? qué es lo que pasaba en el por siempre?? Generaciones de criaturas crecimos con la sensación que una vez alcanzada una cúspide, nos quedabamos ahí eternamente: no hay que volver, no hay retorno.
Como se sabe, la vida real dista mucho de los cuentos. Aún del más imaginativo. Sin embargo, fui hija de una maestra jardinera que abrazaba a los hermanos Grimm, a Hans Christian Andersen como los gurúes de una religión, de ahi que nunca supe cómo lidiar con los despueses.
A mi primer funeral fui cuando tenía 17 años y una vez que volvimos del entierro, no sabía qué hacer. El momento del llanto, de los lamentos, de las flores sobre la tumba, todos habian pasado. Ahora volvíamos a casa y yo pensaba en qué se debía hacer, cual era la conducta a seguir. Mis nervios me daban ataques de risa. La muerta era joven y una persona muy querida, dos características que no hacen reír a nadie, pero no podía parar. Me censuré por ser tan pueril y me callé aunque si nadie hubiese estado viendo, habría reído hasta que me saliera sangre de los ojos.
Cuando te casas todos te aconsejan qué ponerte, cómo pararte, con quién hacer las fotos y qué se va a comer. En tal momento tenés que cortar una torta y entregar souvenirs; te vas de viaje tenés tu noche de bodas y después de tomar un número respetable de fotos del lugar, volvés. Y después? sabes que tenés que ser feliz por siempre, lo que no sabés es como. Te parás en el umbral de tu nuevo hogar, pensando que todo es diferente y a la vez, que nada ha cambiado.
Sabes que al tener un hijo tus caderas se van a ensanchar para dejarlo pasar. Te van a regalar cosas, vas a ir al registro civil y tratar de nombrarlo para que sea único. Y después??? Nadie te dice, lo aprendés sola, que el precioso heredero lo primero que va a hacer es vomitarte o agarrarte el dedo con una desesperación deliciosa.
Cómo se hace, entonces, para no sentirse envuelto en la incertidumbre? En el vértigo de aquello que elegiste y no sabes bien por qué pero está aquí, después de las grandes pompas, después de las luces y los bailes, de los gritos, después de cerrar el cajón, te invade la terrenalidad que te dice que en realidad todo aquello no es cierto: casarse con el príncipe después de luchar por su amor no es el fin de nada. Ahí no termina la vida. Ni cuando tu hijo te sostiene el dedo, ni cuando lo ves que se suelta y camina solo. Ni siquiera cuando tirás la última flor sobre la tierra removida, ni siquiera ahí es un final.
El truco ladino de los cuentos es hacernos (hacerme) creer que no se puede esperar más de lo que ya pasó. Que los finales son comunes, que los finales hacen la vida.
Y no es cierto, es mentira, estamos empezando cosas todo el tiempo, iniciamos caminos a cada rato. Y es normal no saber que hacer (es genial no saber que hacer), de otra forma, que porquería sería la vida.





