29.1.09

AFTERWARDS



A los que nos contaron cuentos de chicos, vivimos cada final con el famoso, they live happily ever after, o en español, vivieron felices por siempre. Pero que es lo que pasaba after? qué es lo que pasaba en el por siempre?? Generaciones de criaturas crecimos con la sensación que una vez alcanzada una cúspide, nos quedabamos ahí eternamente: no hay que volver, no hay retorno.

Como se sabe, la vida real dista mucho de los cuentos. Aún del más imaginativo. Sin embargo, fui hija de una maestra jardinera que abrazaba a los hermanos Grimm, a Hans Christian Andersen como los gurúes de una religión, de ahi que nunca supe cómo lidiar con los despueses.

A mi primer funeral fui cuando tenía 17 años y una vez que volvimos del entierro, no sabía qué hacer. El momento del llanto, de los lamentos, de las flores sobre la tumba, todos habian pasado. Ahora volvíamos a casa y yo pensaba en qué se debía hacer, cual era la conducta a seguir. Mis nervios me daban ataques de risa. La muerta era joven y una persona muy querida, dos características que no hacen reír a nadie, pero no podía parar. Me censuré por ser tan pueril y me callé aunque si nadie hubiese estado viendo, habría reído hasta que me saliera sangre de los ojos.

Cuando te casas todos te aconsejan qué ponerte, cómo pararte, con quién hacer las fotos y qué se va a comer. En tal momento tenés que cortar una torta y entregar souvenirs; te vas de viaje tenés tu noche de bodas y después de tomar un número respetable de fotos del lugar, volvés. Y después? sabes que tenés que ser feliz por siempre, lo que no sabés es como. Te parás en el umbral de tu nuevo hogar, pensando que todo es diferente y a la vez, que nada ha cambiado.

Sabes que al tener un hijo tus caderas se van a ensanchar para dejarlo pasar. Te van a regalar cosas, vas a ir al registro civil y tratar de nombrarlo para que sea único. Y después??? Nadie te dice, lo aprendés sola, que el precioso heredero lo primero que va a hacer es vomitarte o agarrarte el dedo con una desesperación deliciosa.

Cómo se hace, entonces, para no sentirse envuelto en la incertidumbre? En el vértigo de aquello que elegiste y no sabes bien por qué pero está aquí, después de las grandes pompas, después de las luces y los bailes, de los gritos, después de cerrar el cajón, te invade la terrenalidad que te dice que en realidad todo aquello no es cierto: casarse con el príncipe después de luchar por su amor no es el fin de nada. Ahí no termina la vida. Ni cuando tu hijo te sostiene el dedo, ni cuando lo ves que se suelta y camina solo. Ni siquiera cuando tirás la última flor sobre la tierra removida, ni siquiera ahí es un final.

El truco ladino de los cuentos es hacernos (hacerme) creer que no se puede esperar más de lo que ya pasó. Que los finales son comunes, que los finales hacen la vida.
Y no es cierto, es mentira, estamos empezando cosas todo el tiempo, iniciamos caminos a cada rato. Y es normal no saber que hacer (es genial no saber que hacer), de otra forma, que porquería sería la vida.






12.1.09

INEVITABLES


La vi aproximadamente unas 5 horas. Su peinado era el mismo, sus eternos jeans y una remerita con capucha rosa, su preferida. Zapatillas.

Me descubre la libélula tatuada en mi tobillo y ni se inmuta.
Quiere comprarse una zapatillas abotinadas (imagino del estilo john foos o converse). Te vas a morir de calor, le dice la madre. Pero voy a ser yo la que se va a morir de calor, no vos!, contesta al instante.

Sigue con una eterna indecisión... no sabe lo que quiere, salvo cuando se trata de zapatillas abotinadas.

Le descubro la última edición de una revista llena de pop stars y las nuevas celebrities adolescentes. Conozco quiénes son los jonas brothers y las estrellitas de casi ángeles.


Ella confiesa que le gustaría ser hippie.


Su pequeña figura revela curvas. Tiene una cintura afinada y la típica pancita aniñada ha desaparecido. Su espalda se ensancha como sus ideas del mundo.

Se ha comprado un bolso que refleja un gusto personal definiéndose. Quiere cosas, piensa como obtenerlas... se rebela ante las ideas preconcebidas de su (nuestra) madre.


Apenas falta un mes para que cumpla 13 años y veo que mi hermana se escapó del capullito de nena, transformándose en una mujer bella.

Me resigno, obviamente, al paso del tiempo. No crezcas! le digo, por qué no te quedaste chiquitita?? asi yo tampoco me hago vieja!! Ella se ríe antes mi insensatez de vieja perdida.

Paralelismos, le dicen. Cuando yo finalmente reconozco mi adultez con orgullo, ella ya se reconoce a lo lejos, como una adolescente en los albores de su rebeldia.


Y yo la adoro, más ahora, que imagino que mi cariño será puesto a prueba cuando ella comience a adolecer de criterios, gustos aceptables y obediencia.

Mi hermanita es una adolescente.

Mierda.



7.1.09

IGNICIÓN


Hace apenas unos días que comenzó el año y ya tuve un momento de perfecta felicidad.
Ese momento donde estoy en mi bar preferido y el olor a libros y madera se dosifica hacia mis fosas nasales con parsimonia celestial. El café con leche ha mejorado bastante y las tostadas son las mejores del mundo. Pero las mejores.

No tengo calor a pesar que afuera la gente brilla de transpiración; el sol se cuela por los ventanales bañando sillas y mesas creando una imagen de plenitud y equilibrio. Suena la trompeta de Armstrong -si mi oído corrompido no se equivoca-, y ese jazz alegrón me hace creer que es una mañana fría de invierno...

Entonces siento lo perfecto del mundo y me cosquillea el pecho -porque siento cada latido retumbando en mis oídos- y no puedo evitar dejar de pensar en todo aquello que me pasó y me pasa. Me envuelve una inconsciencia consciente, soy liviana, soy ligera, nada pesa, una armonía entre mi caos personal y el caos universal, encajando perfecto en el silencio.



Luego, claro, el sol de va, me hace calor y el jazz es reemplazado por un instrumental new age. Las luces artificiales me iluminan y mis latidos vuelven a enmudecer. Nunca el universo se detuvo, nunca el caos dejó de ser caos ni los problemas se esfumaron. Es enero de un nuevo año y pago con satisfacción: la perfecta felicidad al precio de un café con leche.




Bienvenido 2009